lunes, 30 de enero de 2012

Ya les comenté de un librito medio español que le hurté unos días a mi padre.
Bien, de allí extraje estos pinchos de zanahoria (que en la receta original se hacían con queso, panceta y fritos, no al horno como los hice yo.
Es sencillo: rodajita de zanahoria envuelta en lomo o pavo o lo que querramos (yo tenía lomo en fetas), rebozada, y al pintxo. Uno atrás de otro, y al horno vuelta y vuelta. (El borde parece quemado, pero es que el lomo es más oscuro y se quema así, tenía cero gusto a quemado.) Aderezo: limón, aceite de oliva y un chiquilín de vinagre. Nada más.


Además, hice un cous cous rapidísimo con cubitos de tomate y unas pocas avellanas picadas. 
La preparación del cous cous fue absolutamente siguiendo las instrucciones de la caja. Este coso es rico y rendidor, pero puede parecer un poco caro: la cajita, 30 pesos. De todas maneras, hice dos porciones con unas 4 cucharadas soperas, o sea nada. Para mí el couscous era lo que se hacía, dulce, en Brasil, pero bueno, me gustó como guarnición o plato salado. Hay muchas recetas, sugiero buscar y elegir la más atractiva para uno. 


Hoy cocino para mi hermanita, así que allá voy, con la comida ya comprada, ojalá consiga una gaseosa bien fría para comer en el patio las dos!

domingo, 29 de enero de 2012

Me invitaron a un asado

No cociné nada ni fui en tetas porque claro, no daba. 
Le pregunté a mi hermano qué era necesario para hacer un asado, y me dijo:
vino madera papel y amor.
Le pedí que me diera algún tip (?) porque no estamos en posición de, en Argentina, venir a decirle al lector cómo se hace un asado, y me dijo que él tira la carne antes de que el carbón esté totalmente blanco. 

Desde los 12 años hace asados tremendos: hasta mi papá reconoce que este pibe es mejor asador que él, y eso que mi papá es onncaaapo. 






Para hoy estoy con todo inspirándome en este librito que hurté por unos días, y con unas ensaladas en frascos para la semana. Mañana posteo todo y a ver qué les parece, porque ODIO cualquier tipo de discurso prescriptivo (el médico, el publicitario, las recetas de cocina, creo que ya les conté) y me cuesta muchísimo atenerme a las recetas. 

Por último: vine del supermercado: el kg de limón está a $ 18,99, me indigné tanto que no compré una mierda. Si tienen conocidos con limoneros, aprovechen la tarde del domingo para ir a visitarlos. ¡LOCO, ES LIMÓN, BAJEN EL PRECIO DEL LIMÓN!

jueves, 26 de enero de 2012


Cocina de fonda


La parte más sustancial de la forma de cocinar de mi familia viene por el lado de mi abuela Araceli, R.I.P. Ella, hija de un francés vasco que la abandonó a los 8 años y de una cocinera francesa que murió joven, fue criada por una alemana y un gallego dueños de una fonda en Dock Sud (con cuyo hijo, mi abuelo Germán, finalmente se casó). Sí, novelón de Discépolo mal. 


La cocina de mi abuela era básicamente eso: cocina de fonda, con mucho amor. Si bien sabía hacer cosas elaboradas y recordaba un par de recetas más cool de su mamá, las comidas estrella de mi Noqui eran las papas fritas y el puré de papas (el mejor de la historia, sólo con papa, manteca, leche y sal y nunca nadie supo cómo lo hacía) las pastas amasadas, los pucheros y guisos, los rellenos, huevos en todas sus variedades, y cómo no, los bifes de toda clase. Mi papá se desvió hacia lo gourmet-masculino -a través de cierta afición por la pesca en el mar o en lagos patagónicos- o los asados de varios "pasos" mezclados con entradas tipo tapeo, tema vinos, y así) y yo, según mi hermano, recuperé esa cosa maternal-grasosa-reparadora-de-la-furia del mundo de cocinar pa lo pibe con más cariño y no tanto canon. Claro, mi abuela me cuidó gran parte de mi infancia. 

Ayer opté por esto último que mencioné -bifes- porque tenía poco tiempo y mucho sueño, aunque al final me tomé un rato largo para cocinar. Mezclé a mi abuela, que hacía los bifes a la plancha -odio el olor que deja la plancha- con el modus operandi que aprendí en los restaurantes de algunas terminales de Brasil: milímetro de aceite en una sartén honda, colchón de cebolla, bifes, tapa de olla, y le agrego: fuego moderado para que se cocine despacito y bien. 

En paralelo (qué expresión adictiva, EN PARALELO!), para acompañar, reincidí con el tema repollitos de Bruselas y tiré un huevo en una cacerola con 3 cm de agua (cuerpo de chocolate huevo frito, corazón de dulce de leche  huevo hervido).

Elemento de tensión: porotos

Es mundialmente sabido (?) que los porotos tienen ciertos efectos colaterales. Eso sucede cuando uno come legumbres muy espaciadamente, y cuando las deja mucho tiempo de remojo (proceso que separa la cáscara de "lo de adentro" y nos obliga a ingerir ese "aire" que queda between). 
Para evitar esto lo mejor es sin dudas la olla a presión, cuyo uso no está muy difundido en Argentina pero que resulta fundamental para el tema legumbres y carnes rojas, porque TODO queda blandísimo a un nivel superior. Si bien la olla a presión nos evita el remojo de lentejas, porotos, garbanzos, etc., estamos los desconfiados que un par de horitas le metemos. Dos horas, no más. Otra cosa muy importante para cocinar porotos con caldo (sean negros, colorados o estos que yo compré que no sé cuáles son) es lo que en Brasil se llama "colher feijão" -práctica que para mí es re re re mítica y ancestral y metafórica de la vida- que consiste en separar, antes que nada, el poroto bueno del que está malo por alguna razón. Esto evitará disgustos a la hora de comer. También hay que aducharse en el manejo de la olla, que no se puede abrir en seguida y debe perder, antes, todo el vapor que le queda a través de la tapita que gira, porque si no explota y puede causar accidentes o quemaduras graves. El burlete de goma debe estar siempre en prerfecto estado. Mi olla es viejísima (10 años mínimo) y se la cambié a un amigo de mi marido de entonces por unos pulóveres (!)

Por último: los frijoles (ahh qué te hacé) se cocinan en la olla apenas con una cucharadita de sal, o sin nada. Si cocinaron mucha cantidad, guardan el sobrante en un tupper y lo congelan. Para condimentarlo, se hace un refogado elementalísimo que consiste en pisar bastante ajo (3, 4 dientes) con bastante sal (a gusto) hasta que quede una pasta. Lo ideal: hacerlo con mortero. Yo aprendí a meterle tenedor y cuchara. Esa pasta debe ser salteada en una gotita de aceite dentro de una quéicerol, y cuando está dorada/transparente, se tiran los porotos+caldo, se revuelve un poco y se cocina +-15 minutos. 

El caldo tiene que ser espeso, no debe tener apariencia de agua. Esto es importante, porque si el caldo parece un agua sucia, nuestros porotos estarán al nivel de dureza (!) de una ensalada pero no de una comida caliente, y el caldo no servirá para darle sabor al resto de la comida, sino que incomodará la textura de todo lo que inunde.
Por último: si sobran porotos condimentados, comerlos al otro día. Lo congelado sin condimentar aguanta unos 2 meses en el fríser.

Pienso que esto se come sin pan, pero es porque a mí no me cabe mucho comer con pan más allá del asado. Pero cada uno es cada uno, así que.






miércoles, 25 de enero de 2012

Elementos polémicos: la leche de coco, el arroz lavado

Ayer, luego de una tarde difícil, llegué a mi casa cansada y terminé cocinando tardísimo.
Por eso posteo hoy, a esta hora.


Hice un "muslo sin piel" -tal como lo venden en el supermercado- al horno, sobre un milímetro de aceite, lo justo para que no se pegotee a la asadera, porque no me gusta el coso ese que queda (!).
Mientras, preparé el arroz de una manera que acá me suelen decir que es muy cualquiera, pero es la forma común en lugares como Colombia o Brasil:

1. Lavar el arroz, varias veces. Esto le saca el almidón y eso hace que no quede tipo "puré". Por lo menos a mí me gusta el arroz durito y el cremoso me parece un modo de cocinar para perros.

2. Una vez lavado y escurrido, saltearlo en aceite + cebolla picada, así, sin agua. Si le ponés poca cebolla, es para darle gusto. Yo le meto media por persona, porque me gusta mucho.

3. Agregar el agua necesaria según la cantidad y tapar. Acá hay que tener en cuenta que, una vez dorado, ya está un poco cocido, por eso, se cocinará bastante más rápido. Cuando se escurre y se sirve, ni manteca ni queso, no me mezclen los regionalismos.

En otra olla puse repollitos de Bruselas en la vaporera, que se perfila como la mejor compra de 2012. Amo los repollitos de Bruselas y compré una bolsa como de 1/2 kg a $16.00; en otro momento me hubiera parecido una locura, pero ya estoy acostumbrada a que en Argentina los precios de la comida no tienen nada de lógica, nunca. Los repollitos estuvieron en 10-15 minutos, maso.

Y finalmente, la estrella de la noche (!), una salsa con leche de coco para acompañar el pollo (aunque también sirve para el arroz.) Es muy fácil y encontré la botellita de leche "Mais Coco" -es la marca popular, nada gourmet- a $8 y algo, en Coto. Van los pasos:

1. Derretir en la cácerol 1 cucharada de manteca.

2. Agregar la leche de coco, y revolver suave, si se puede con cuchara de madera. Si cocinan con sal, este es el momento de ponerla. Eeeepa. 

3. Disolver una cucharada sopera de Maizena, y continuar revolviendo.

4. Le puse mole porque la pimienta me aburre a veces. El mole, además, cuando se calienta, se expande y queda genial. También metí una cucharadita de mostaza, que no suma sabor, pero sí una tonalidad copada.

5. Al final, queda salpicar con un toque de crema de leche y revolver un poquito más.

La salsa tal como la hago, queda como un segundo antes de la bechamel. La leche de coco, al calentarse-revolverse, adquiere una textura un poquito gomosa, ni líquida ni espesa. Acompañé con limonada porque me quiero morir de tomar limonada de tanto que me gusta. 

Lo que sí, cené como a las 00.30 hs. Igual estuvo genial, porque en mi vida faveo todo lo que es leche de coco y arroz lavado, siempre.







lunes, 23 de enero de 2012

Cocinar en un hostel / Mendoza

Como habrán leído, este fin de semana que pasó fui a Mendoza. Como soy absolutamente pobre, toda la energía estuvo puesta en ahorrar todo lo que pudiera en pasajes, hospedaje y comida, y hacer rendir el dinero para tomar algo, o para alguna excursión, en fin. 
De esta manera, me metí en el hostel más barato que encontré, que resultó ser genial. Estaba bastante concurrido y ni bien entré supe que OBVIAMENTE no podría cocinar en tetas allí. Pero, me propuse hacerlo "sin sujetador", como les dije en el post anterior, porque me parecía importante continuar cocinando con el concepto del blog. Por otra parte, había un par de pasajeras que adscribían a esta política, no a la de cocinar, pero sí a la de no usar ñocorpi. 

A lo importante: como verán, la cocina del lugar era muy amplia, luminosa y completa. El plus es que había unos cuantos gringos jóvenes que se alimentaban a papas fritas de paquete y cosas así, o sea que tuve la cocina prácticamente para mí sola, salvo por una japonesa hermosa que se tomaba unas tres horitas para preparar sus vegetales. 


Los platos que ven allí son los ingredientes para lo que cociné el sábado por la noche, empanadas de carne. Me habían ofrecido en el hostel 3 empanadas + copa de vino 20 pesos, yo gasté 30 e hice 12 empanadas y todavía más: compré dos cervezas y una genérica de sevenáp para hacer "claras con limón" simplificadas. Bien: la innovación en estas empanadas es que les puse palta y bastantes ajíes picantes, además de huevo, papa, y por supuesto la carne (sí, los puristas gonna hate). Podría parecer demasiado, pero la verdad es que la palta quedó bárbara y todo tenía su lugar justo. Lo que sí, eran empanadas para valientes: el picante con la cerveza fría, bueno, es una sensación un poco adictiva. Vean en detalle:


Una cosa que hice, muy linda, fue alquilar una bicicleta por la mañana, la tuve durante todo el día. Esto me llevó a dar vueltas por lugares de la ciudad que de otra manera no hubiera conocido: siempre pienso que la bici -para el que no es una larva fiaca- es una gran aliada del turista. Para llevar hasta el fondo mi rol de estoy en el interior compré unas uvas -bandejaza por 5 pe- en un puesto callejero, y las puse en el canasto, y así me las llevé. No hacía las compras en bici desde que era una nena. La de la foto no soy yo, sino una señora que tardaba mucho en decidir qué comprar. 


El domingo volví muerta de hacer un trekking "moderado" + rappel -me tuve que cambiar la remera de tanto que transpiré, mil más que en el gimnasio- y por el cansancio, la comida que hice tiene un grado de elaboración cercano al 0 (cero) pero a mí me encanta: escalopes de berenjena (NI SIQUIERA MILANESAS, O SEA HUEVO Y HARINA) y unas patatas bravas de chica pobre, a saber: papas hervidas en cubos, 3 dientes de ajo picados, dos cucharadas de BAYONESA y una , cargadita, de queso Philadelphia regular (el queso no era mío, lo habían dejado unos que se fueron y me dieron permiso para terminarlo). Tuve la lucidez de antes de partir a la excursión, dejar la gaseosa lima-limón en el freezer. La saqué un rato antes de empezar a cocinar, y para acompañar esto fue GENIAL porque me congeló el cerebro. El mate que ven en todas las fotos está allí porque soy de esa clase de subnormales estomacales que toman mate un minuto antes de cenar y continúan tomando ni bien levantan la mesa. 


Finalmente, quiero hacer un llamado a la reflexión (?) y destacar lo bello y noble de comer sobre tablones, y al aire libre bajo una parra, enredadera, etc. Digo esto porque había unos colonizados mentales caretas que desayunaban adentro, y me angustiaba mucho. Sacudían la servilleta adentro del mantelito, me ponía muy mal, teniendo el patio y el aire libre y la sombra y todo eso ahí preferían un ventilador. 

Prontamente, regreso al calor de mi cocina y trataré de probar con algunas recetas que me mandaron por e-mail algunos de Ustedes. 
Saludos!

sábado, 21 de enero de 2012

Desde Mendoza

Hola, les quiero decir que este fin de semana #CocinandoEnTetas -o sea yo- está en Mendoza.
Como estoy parando en un hostel, se me complica cocinar en tetas, porque la cocina es compartida, pero, como el rigor científico no se negocia, lo haremos sin sujetador.
Acá están todos bastante en otra como para mirarme o ponerme incómoda, etc.

Voy a hacer unas empanadas de carne con palta y unos ajíes que compré baratísimos -no sé si serán locales- y mañana, seguramente, algún escalope de berenjenas, porque no me dio para comprar pan rallado por dos días que me quedo.

Cuando tenga novedades, seguramente el lunes, publico lo que cociné y tudo mais.
Besos! Maru.

martes, 17 de enero de 2012

Parque de la Cervecería de Quilmes.

Hoy no cocino!
No es de chanta, es que mi papá se va de vacaciones a la Patagonia e insistió en ir a tomar algo.
Espero poder zafar de la cerveza Quilmes, -seguramente me conformaré con una Iguana, o esas variedades de bock y stout de Quilmes que al menos para mí son pasables.

Sin embargo, quiero recomendar mil el lugar por el lugar mismo, es un restaurante normal digamos, familiar, en medio de un parque gigante arbolado que a su vez queda en uno de los barrios más lindos de Argentina -el Barrio Cervecero- Ese barrio, aún hoy aloja a muchos trabajadores de la Cervecería con sus calles mínimas llenas de árboles,  y sus casas (algunas, las más importantes, tipo victorianas, otras más sencillas, pero muy hermosas y antiguas) separadas por ligustrinas y rejas de alambre artesanales. 
Dejo  un video de Kapanga -muy muy viejo- que fue filmado en el barrio (?) A ver qué onda el parque, la noche está genial.